Bajemos los alquileres, subamos los salarios: 11N, huelga general

Llevamos tiempo escuchando con atención, respeto y convicción las luchas que impulsan los colectivos del movimiento por la vivienda: los sindicatos de inquilinas e inquilinos, las PAH, las asambleas de barrio, los grupos contra los desahucios y todos los espacios libertarios y populares que se plantan frente al acoso inmobiliario. Para la CNT, este conflicto no es una causa ajena ni una lucha que contemplemos desde fuera. Quien nos explota durante la jornada laboral pertenece a la misma clase que nos arrebata el techo cuando salimos del trabajo.

El próximo 11 de noviembre vamos a la huelga general. Lo hacemos desde el anarcosindicalismo, con la acción directa como herramienta y la autoorganización como garantía de nuestra fuerza colectiva. No estamos ante un desajuste del mercado ni ante una crisis pasajera: sufrimos una ofensiva patronal y rentista en toda regla. Mientras nos exprimen con salarios de miseria, jornadas interminables y horas extras impagadas, los rentistas y la patronal inmobiliaria devoran una parte cada vez mayor de nuestros ingresos. Nos quieren explotadas en el trabajo y desahuciadas en la calle.

Es hora de señalarlo sin rodeos: patronales y rentistas son enemigos de la clase trabajadora. Son las dos caras de una misma maquinaria de dominación capitalista. Mientras el empresariado abarata el despido, precariza nuestras vidas y ataca nuestras secciones sindicales, bancos, fondos buitre y grandes tenedores acaparan viviendas, disparan los alquileres y expulsan a las familias trabajadoras de sus barrios. Su beneficio es nuestro empobrecimiento; su acumulación, nuestra precariedad. No hay intereses comunes que conciliar entre quienes especulan con nuestras necesidades y quienes tenemos que luchar para satisfacerlas. Hay un conflicto de clase que no podemos ignorar.

Desde la CNT lo decimos claramente: no depositamos nuestra confianza en las leyes ni en los gobiernos, sean del color que sean. La legislación sobre vivienda y las promesas de los despachos parlamentarios no han resuelto el problema de fondo: un sistema que convierte un derecho básico en una fuente de lucro y protege la acumulación especulativa frente a las necesidades de la mayoría. La historia del movimiento obrero nos enseña que los derechos no se conquistan implorando a las instituciones, sino organizándonos desde abajo, mediante la huelga, el boicot, la solidaridad de clase, la acción directa y el apoyo mutuo.

La huelga general del 11 de noviembre debe ser un golpe sobre la mesa frente a la alianza entre la patronal y el rentismo. Exigimos una bajada inmediata y drástica de los alquileres; el cese de todos los desahucios cuando no exista una alternativa habitacional digna; la expropiación social, sin indemnización, de las viviendas acumuladas con fines especulativos por bancos, SOCIMI y fondos buitre; y el fin de la mercantilización de un bien imprescindible para la vida. La vivienda debe estar al servicio de quienes la habitan, no de quienes hacen negocio con nuestra necesidad de tener un techo.

Porque no puede haber justicia social mientras seamos pobres en el trabajo y precarias en nuestros hogares. Porque la lucha por una vivienda digna es también una lucha sindical. Porque frente a quienes pretenden enfrentarnos y aislarnos, tenemos la fuerza de organizarnos, apoyarnos y luchar juntas.

Si la patronal nos aprieta y los rentistas nos asfixian, la respuesta de la clase trabajadora será colectiva y contundente: paramos la producción, paralizamos el consumo y tomamos las calles.

¡El 11 de noviembre, huelga general!

¡Contra la explotación laboral y el rentismo, organización y lucha!

¡La vivienda es un derecho, no un negocio!

¡Unamos las luchas de la clase trabajadora!

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