Unidad Editorial, la enésima oportunidad perdida

Después de casi 20 años con el sueldo congelado, varios ERE con sus consiguientes despidos y años de pérdidas de derechos y rebajas salariales, las plantillas de Unidad Editorial decían basta a comienzos de verano y, ante la actitud chulesca de la dirección, convocaban varias concentraciones ante la empresa y amenazaban con la convocatoria de una huelga. Por fin parecía que, después de décadas, las plantillas despertaban de la apatía y se disponían a exigir cuestiones básicas. Pocos días después, hemos vuelto a ver, por enésima vez, como la empresa se salía con la suya gracias a la inestimable ayuda de los comités del grupo.

En vez de aprovechar el tirón y meter una marcha más, los «representantes de los trabajadores» fueron bajando de sus respectivas reuniones con la dirección (el primer error fue precisamente que cada plantilla negociara por su cuenta, parcelando así la lucha común) con argumentos que más parecían venir de la parte patronal que de la social. No se dejó de insistir en que de nada serviría seguir con las movilizaciones, que la empresa no nos iba a dar nada más que las migajas que nos presentaban; y que las propuestas de una subida del IPC por tramos defendida pocos días antes, se habían convertido, por arte de magia, en una cosa imposible.

En fin, que lo mejor era aceptar lo que la empresa nos concedía: gratificaciones económicas de 1000 euros en el mejor de los casos, dejando fuera a una buena parte de las plantillas (de esa cifra se consolida una mínima parte para el 2027). Y para 2028 quién sabe, que vuelva a empezar el circo y ya se verá.

Pese a que en las diferentes votaciones se llegó a alcanzar entre el 35% y el 40% de oposición al acuerdo, el resultado no deja lugar a dudas: en todas las cabeceras se aceptan las propuestas de la empresa (y eso que en alguna redacción como Radio MARCA incluso pierden días de vacaciones) y volvemos a la absoluta precariedad que nos ha acompañado en los últimos años.

Nuevamente hemos tenido que vivir el día de la marmota; y nuevamente, cuando las reivindicaciones estaban en marcha y las plantillas más movilizadas, hemos vuelto a asumir la moderación sugerida por los comités y volver a aceptar condiciones de vergüenza.

¿Hasta cuándo?

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